Seamos sobrios…
He sido una persona etílicamente sobria toda mi vida, es decir; nunca me he embriagado. De hecho, nunca ha representado un problema en mi vida todo lo relacionado con las bebidas alcohólicas, gracias a Dios, y recalco; ¡¡¡¡GRACIAS A DIOS!!!! La verdad es que siendo el hijo mayor de un papá alcohólico y habiendo vivido los estragos a nivel económico y principalmente emocional que esto provoca, solo la gracia del Señor me libró de un destino parecido cuando le entregué mi vida a Jesús haya por el año 1976. Puedo ahora ver como una cadena se rompió en mi vida de tal manera que hasta el día de hoy hace de ella una vida libre de tal atadura. Desde pequeño ayudaba a mi papá en el bar y salón de baile que administraba y pude ver de cerca lo que el consumo del licor provoca en las personas, en lo que se transforman muchas personas cuando se embriagan y la disolución que trae a innumerables familias, como la mía. Recuerdo que mis hnos. y yo jurábamos que nunca íbamos a tomar licor y menos embriagarnos; y si hemos podido sostener tal juramento ha sido única y exclusivamente porque el Señor ha sido nuestro aliado principal en esta libertad que hemos vivido. No faltará alguien que diga; “…de lo que se han perdido…” y entonces yo replicaría; ¡Dichosa perdida! Soy una persona muy feliz sin el licor en mi vida.
Por esta y otras razones admiro y respeto mucho a quienes; habiendo sido presa de tal flagelo; hoy son personas libres del mismo; a todos aquellos que cada día suman un día más de sobriedad a sus vidas acudiendo a todo tipo de apoyo que les sea necesario para mantenerse fuertes; a todos aquellos que han experimentando el poder libertador del Señor en sus vidas y hoy, por la gracia del Señor ni siquiera tienen el más mínimo problema cuando tienen una botella de licor en frente.
Y también respeto y admiro a quienes han elegido abstenerse de todo contacto con el licor, por más mínimo que sea; buscando mantenerse lo más lejos posible de aquello que en otro tiempo los esclavizo y casi los destruyó. Repudio finalmente a aquellos que, por diferentes intereses; quieren validar el consumo de licor a partir del deporte; quieren más bares que escuelas e iglesias en sus comunidades; utilizan espectáculos de toda clase para “regalar” cerveza; y perpetuar con esta práctica un consumo cada vez mayor de licor. Protesto contra la irresponsable y “asesina” práctica de conducir bajo los efectos del alcohol, misma que ya ha quitado muchas vidas inocentes y lo seguirá haciendo.
Por todos los seres humanos sobrios que vivimos en este planeta… ¡SALUD! Salud de verdad.
Quise introducir esta reflexión de esta manera porque considero sumamente importante y trascendente para muchas vidas el tema de la sobriedad en relación con el licor; tanto como un llamado a todos aquellos que están sumidos en tal desgracia para que busquen principalmente en Dios el camino para su liberación; como para todos aquellos que somos libres de tal práctica. Pero al mismo tiempo considero de tremenda trascendencia extender el tema de la sobriedad a lo interno de nuestro ser, es decir, la posibilidad de que seamos sobrios integralmente; en nuestra mente; nuestro corazón, nuestra alma. Lo que quiero decir es que si bien podemos ser sobrios etílicamente (lo cual es ya de por sí una bendición) podríamos no disfrutar de lo mismo en el resto de nuestro ser; y si emborracharse de licor es tremendamente perjudicial; “emborracharnos” de otras tantas cosas en el resto de nuestro ser es igualmente dañino y perjudicial para nuestras vidas. De hecho; debo reconocer que a lo largo de mi vida he vivido algunos momentos de “embriaguez” en diferentes áreas de la misma.
El apóstol Pablo; hablando a los hnos. en Tesalónica acerca de la segunda venida del Señor; les anima a; “…no dormir como los demás; sino velar y ser sobrios” (1ra. Tesalonicenses 5:6). Evidentemente el apóstol ya no se refiere acá a la sobriedad relacionada con el consumo de licor,
sino a aquella cualidad del alma que permitiría a los creyentes de aquella época y de la nuestra también; estar preparados debidamente para un evento tan extraordinario como esperado para todos los seguidores de Jesús, su regreso a esta tierra para establecer finalmente su voluntad. Siendo “…hijos de la luz y del día…” dice Pablo, nos corresponde “…estar alertas y en nuestro sano juicio (sobriedad)…” para que tal acontecimiento no nos tome desprevenidos como a los demás.
Creo que la madurez espiritual y emocional en nuestras vidas así como el saludable desarrollo de un carácter cristiano tiene
que ver con la posibilidad real de ser sobrios en todos los aspectos de nuestro ser, tanto en función de estar preparados para nuestro encuentro con Él, como para los diferentes momentos de nuestra existencia en los que se hace necesaria un alma sobria para tomar las mejores decisiones que determinarán en mucho el derrotero del resto de nuestras vidas.
Entonces; ¡¡¡¡SEAMOS SOBRIOS Y ESTEMOS ALERTAS!!!!! Continuará…
¿Qué significa conocer a Dios?
23 Esto dice el SEñOR: «No dejen que el sabio se jacte de su sabiduría, o el poderoso, de su poder, o el rico, de sus riquezas. 24 Pero los que desean jactarse que lo hagan solamente en esto: de conocerme verdaderamente y entender que yo soy el SEñOR; quien demuestra amor inagotable y trae justicia y rectitud a la tierra; y que me deleito en estas cosas. ¡Yo, el SEñOR, he hablado! Jer. 9: 23-24(Nueva Traducción Viviente).
Hay una tendencia natural a la exaltación y al reconocimiento en el género humano. Ya sea que lo hagamos hacia nosotros mismos
(lo cual muchas veces será visto como una muestra de vanidad y orgullo personal fuera de tono) o que otros lo hagan reconociendo los méritos y los logros de los demás, la búsqueda de jactancia y alabanza personal es incesante en todos en alguna medida.
La Palabra de Dios expresa que conocer y entender a Dios es lo único digno de alabanza y gloria en un ser humano. Por encima de la sabiduría; el poder y la riqueza, Dios reconoce a una persona que alcanza a comprender quién es El.
Si en la economía humana se acostumbra dar honor y reconocimiento a los que alcanzan sabiduría, fama, poder y riqueza, en la economía del reino de Dios tal reconocimiento es otorgado a aquellos que conocen al Señor.
Conocer a Dios significa comprenderlo y entenderlo en su naturaleza, su carácter, sus pensamientos, su voluntad. Conocerlo por sus atributos y sus obras. Sal.24:7-10, 9:1-2, 8:1, Salmo 100 y 104.
Que El es eterno, todopoderoso, omnipresente y omnisciente, santo, justo, perfecto, compasivo, misericordioso, fiel, verdadero. Que El es excelso, magnífico, grande y majestuoso, etc.
Conocer a Dios es saber de El por experiencia. Jn. 8:32 y 17:3.
Si bien el saber cognoscitivo es importante, en cuanto a Dios se refiere, es solo cuando nos involucramos con El que le conocemos.
Conocer a Dios por experiencia es tener un íntimo conocimiento práctico de Él, donde su persona se convierte en alguien de valor e importancia relevante para nuestra vida (W.E. Vine).
Esta experiencia con Dios es personal,vital,vivificante, progresiva,dinámica, siempre creciente y renovadora. Prov. 4:18 “…su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud”.
¿Qué significa conocer a Dios?
Hay una tensión constante en el corazón humano de aquellos que amamos a Dios y le seguimos entre la búsqueda de alabanza y reconocimiento por los logros y éxitos personales y la aspiración de tener la alabanza y la aprobación de Él.
ü ¿He sido objeto de la alabanza de alguien en estos días? O; ¿He tributado alabanza a alguien más? Si así ha sido; ¿Qué sensaciones he experimentado ala respecto en uno u otro caso?
ü ¿Soy una persona que busca regularmente el aplauso y la aprobación de los demás? ¿A qué crees que se debe?
Conocer a Dios tiene que ver con comprender quien es Él. En este tiempo de mi vida;
ü ¿Cuáles son los atributos y aspectos del carácter de Dios que más comprendo y afectan mi vida?
Todo ser vivo en la tierra crece y se desarrolla.
ü ¿Estoy creciendo en el conocimiento de Dios?
ü Si así es; ¿Cómo podría explicarlo y en qué fundamento ese crecimiento?
Jesús nos dijo que la vida eterna es conocer a Dios y a su hijo Jesucristo a quien Él envió. Esto es posible cuando nos involucramos con Él en una relación viva en donde su persona se convierte en alguien de valor y e importancia relevante. Entonces:
ü ¿Me estoy involucrando con Dios en una relación viva y creciente?
ü ¿Está siendo Dios alguien relevante en mi vida? ¿Por qué?
“…de oídas te conocía…”
Conociendo a Dios
“Hasta ahora, solo de oídas te conocía, pero ahora te veo con mis propios ojos”. Job 42:5b.
“Que no se lo cuenten; que no se lo digan, pasen; pasen y véanlo con sus propios ojos, miren como se transforma…” etc.; etc.; etc. Famoso estribillo que pronunciaba el anunciador del circo que llegaba a la ciudad invitando a los presentes a observar la transformación de una persona común y corriente en un ser horripilante y agresivo y viceversa. ¿Lo recuerdan? Bueno quizás los más jóvenes no, pero los que ya peinamos algunas canas por supuesto que lo recordamos; ahora con cierta gracia pero en nuestras mentes infantiles con cierto aire de misterio y hasta de temor. Hago mención de esta anécdota porque ilustra algo sumamente importante en cuanto al conocimiento de Dios se refiere, el conocimiento de Dios debe ser ante todo una experiencia viva y personal; que no se lo cuenten, que nadie se los diga!!!!! En una cultura “cristiana-religiosa” como la nuestra muchas personas nos acostumbramos a saber algunas cosas de Dios por medio de terceros, o de cuartos; y hasta por medio de quintas personas. ¿Me estoy explicando? Y además comenzamos a construir nuestra propia “teología” apenas con el más mínimo entendimiento del texto bíblico, o una aislada experiencia subjetiva, propios razonamientos que solo nos colocan en la misma posición de Job antes de que Dios se encontrara con él, a saber, “…de oídas te conocía,…”
Desde que existe iglesia muchas personas hablamos en nombre de Dios (vaya responsabilidad-hablaremos de esto en otra ocasión) y me pregunto, ¿Hablará Dios a través de? Y además; ¿Estaremos hablando correctamente acerca de Él? La historia de Job nos menciona a 3 amigos que; mirando la tragedia de Job; se atreven a hablar con Job a partir del “conocimiento” que tenían de Dios; y saben qué; no les fue nada bien. La suerte de sus tres amigos es distinta, reprendidos por Dios ya que: “…no han hablado de mi lo recto…”.
- Es la experiencia de tres personas que creen conocer a su Dios, tres personas que aparentemente saben mucho acerca de Dios, pero que no hablaron rectamente acerca de Él.
- Estos hombres y muchos más en la Biblia retratan muy bien nuestra propia experiencia, viajando continuamente entre nuestros propios conceptos e ideas acerca de Dios (aprendidos por lo general dentro de una tradición religiosa), y un Dios que desea ser conocido llamándonos a “lugares de encuentro” con Él para que le conozcamos.
Me inquieta la declaración del Señor a los 3 amigos de Job; “…no han hablado de mi lo recto…” es como cuando algunas personas citan la Biblia al pie de la letra pero de alguna forma te das cuenta que si bien están mencionando la cita bíblica correctamente no necesariamente están hablando correctamente de Dios. Estoy recordando el pasaje en el que se nos narra la ocasión en la que ciertos pobladores de un pequeño pueblo samaritano no quisieron recibir a Jesús, quien deseaba alojarse por una noche en su camino a Jerusalén. Al ver esto; Juan y Jacobo le preguntan a Jesús si les permite ordenar que caiga fuego del cielo y ¡los consuma a todos! (Este énfasis es mío). Cuando Jesús los escuchó se volvió hacia ellos y los reprendió. (Algunas versiones mencionan que Jesús les dijo; “Ustedes no saben de qué espíritu son; porque el Hijo del Hombre no vino para destruir la vida de las personas sino para salvarla.” Lucas 9:51-56). Lo puedes ver; le ocurrió a los amigos de Job; también a los discípulos de Jesús; y estoy seguro que también nos ha ocurrido a muchos.
Dios prometió a su pueblo Israel que haría un nuevo pacto con ellos
en el cual Él escribiría sus leyes en el corazón de sus hijos (Jeremías 31:33-34).Ese pacto se comenzó a cumplir en el advenimiento de Jesucristo a esta tierra y luego por medio del derramamiento del Espíritu Santo desde pentecostés y hasta hoy (Hebreos 10:16-17). El Espíritu Santo quiere seguir escribiendo en cada uno de nuestros corazones, es el tiempo de disponernos nuevamente; es el tiempo de “sentarnos” a los pies del Maestro y permitir así que sus palabras penetren profundamente y nos den el conocimiento vivo y real que solo Él nos puede dar. Es el tiempo de que el velo que aún nos puede estar cubriendo la mente y el corazón sea quitado por el poder de su Espíritu, porque:
“El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor; allí hay libertad. Así; todos nosotros; que con el rostro descubierto (el rostro del alma) reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor; que es el Espíritu.” 2da. Corintios 3:17-18.
“A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios, y que vive en íntima comunión con el Padre, nos lo ha dado a conocer” Juan 1:18.
Pienso que de Dios no hay que saber sino que hay que conocer. La mucha información acerca de Dios puede ser de alguna ayuda si se utiliza correctamente; pero el conocimiento vivo y real de Él requiere mucho más que información, requiere una relación íntima y personal que está dispuesta para todos aquellos que nos acercamos a Él por la gracia del Padre y la acción del Espíritu Santo.
Pasando del saber al conocer.
- Tómate un tiempo en estos días por venir y trata de recopilar la información que manejas acerca de Dios (Escribe que sabes acerca de Él).
- Analiza la información que has recopilado y procura determinar si la misma es correcta; a saber; dicha información describe apropiada e integralmente a Dios. (apóyate en la biblia así como en la guía de personas que reconoces espiritualmente maduras y saludables. También, como tercera opción puedes recurrir a algún texto que desarrolle el tema).
- La información que manejas acerca de Dios hasta esta estación de tu vida; ¿Es relevante? ¿Porque sí o porque no?
¿Está presente de manera habitual y consistente en tu pensamiento diario?
La información que manejas; ¿Determina de manera significativa la forma en que respondes antes las diferentes situaciones de la vida diaria? ¿Fundamentas tu toma de decisiones a partir de esa información?
Conocer a Dios
Yo conozco a esa persona!!! Yo conozco tal o cual lugar!!!
Expresiones como estas son usadas frecuentemente en nuestra interacción
con nuestro entorno en el día a día. Ahora bien, te has puesto a analizar si es en verdad cierta tal afirmación. Haber visto a alguien un par de veces significa conocer a ese alguien; haber observado algún lugar mediante la magia de la tecnología implica conocer ese lugar en realidad.
La respuesta es obvia no les parece; por supuesto que “conocer” la apariencia física de una persona o tener la posibilidad de observar las imágenes de cierto lugar no me permiten afirmar categóricamente que conozco en realidad a esa persona o ese lugar. Sé que podría verse como un asunto de mera semántica; que también influye la costumbre que tenemos en nuestro idioma de usar palabras cuyo significado es más profundo del que nosotros le damos en determinado momento; pero cualquiera que sean las razones para explicar la manera en que frecuentemente nos expresamos en cuanto al saber y al conocer, la verdad es que muchas veces decimos y pensamos que conocemos a alguien cuando en realidad no es así. Incluso el estar en cierto lugar no me permite afirmar que conozco ese lugar, cuantas veces hemos estado solo de paso por muchos lugares y eso no debería ser argumento suficiente para afirmar que conozco ese lugar.
El saber puede ser un ejercicio mental, una información que se recibe y acumula. El conocimiento es un saber más elevado, aquel que da la experiencia, la relación, es algo vital y por lo tanto, relevante.
El saber (como el cúmulo de información que recibo) se convierte en algo relevante y significativo cuando “conozco” lo que sé, o puede ser replanteado, revisado a partir de la experiencia del conocimiento.
Hay un hombre en la biblia llamado Job que expresó lo siguiente al respecto:
Job respondió entonces al Señor. Le dijo: “Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes. ¿Quién es este-has preguntado(refiriéndose a Dios)-, que sin conocimiento oscurece mi consejo?
Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas.
Ahora escúchame, que voy a hablar-dijiste(refiriéndose nuevamente a Dios)- yo te cuestionaré, y tú me responderás.
De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza.”
Espero que “conozcas” el relato, de lo contario será una muy buena idea adentrarse en este libro y permitir que la mente y el corazón profundicen a partir del contenido del mismo. Job y sus amigos se han enfrazcado en una serie de argumentos sin fin, tratando unos de explicar la desgracia de su amigo a partir de sus propios errores y el otro de defender su honor e integridad. Finalmente Dios es quien interviene, primero callando los argumentos de los amigos de Job; y luego silenciando a Job mismo de manera contundente e irrefutable.
No les parece que muchas veces hacemos lo mismo, nos llenamos de argumentos y “verdades”(nuestras limitadas verdades) tratando de explicar y justificar situaciones, circunstancias y acciones, como dando a entender que lo sabemos todo y lo conocemos casi todo. Craso error no es cierto!!!!! La realidad es que ante lo inexplicable lo mejor sería guardar silencio para quizás escuharlo a Él, quien todo lo sabe y todo lo conoce, aún las profundidades de nuestro propio corazón.
La actitud final de Job parece asombrosa; pero definitivamente inevitable, que más podía hacer ante la contundencia y la veracidad de su Creador sino reconocer su limitación, su ignorancia, su condición.
Job dijo: “De oídas había oído hablar de ti…” Y entonces me pregunto; ¿Cual es mi caso? ¿Conozco a Dios? O; solo sé algunas cosas acerca de Él. De eso hablaremos en nuestro próximo encuentro.
¡Lo mejor es Cristo, y yo lo quiero!
“¡Dile que me ayude!” fue su exclamación. Sonaba a queja malhumorada supongo que revestida de esa actitud de aparente respeto, como queriendo reclamar airadamente pero conteniendo un poco el sentimiento por aquello de las apariencias, bueno; al menos así creo que hubiera reaccionado yo ante ¡semejante injusticia! Tanto que hacer y sin embargo tal parece que hay algunos y algunas a quienes eso no les importa. ¿Te has sentido alguna vez así? Desde mi vocación pastoral he vivido situaciones muy parecidas a esta a lo largo de mi caminar en pos de Cristo. Desde mis primeros años como un joven seguidor de Jesús, apasionado y entregado a su causa, llamado a servirle comencé a experimentar una enorme urgencia por “cambiar el mundo”. Como esa extraordinaria comedia en caricatura titulada “Pinky y Cerebro” me acostaba cada noche y me levantaba cada mañana pensando qué podía hacer yo para “tratar de conquistar al mundo” para mi amado Señor y Salvador. Literalmente lo dejé todo por Él, un floreciente trabajo y una promisoria carrera universitaria, todo por llegar a ser un fiel y devoto servidor de Jesucristo. ¿Me arrepiento? ¡De ninguna manera! Sin embargo, de manera sutil e imperceptible, y hasta ingenuamente en algunas ocasiones perdí el enfoque. La causa de Jesucristo que con tanta fuerza abracé y abrazo hasta el día de hoy, pasó a ser un fin en si misma y aunque les parezca extraño a algunos de mis lectores, su causa lo desplazó a Él de mi corazón. Es como estar completamente convencidos de que y quien es lo más importante en nuestra vida y entonces tratar de hacer todo lo humanamente posible, invertir la mayor energía posible y los recursos disponibles para agradar y satisfacer a quien es el más importante en nuestra vida y darnos cuenta en el proceso de que entre más lo intentamos más nos vamos alejando en nuestro corazón, no queremos alejarnos y sin embargo hacemos todo de tal manera que finalmente es eso lo que logramos, ¡hacemos mucho pero perdemos más!
Lo he visto tantas veces, parejas que se aman tanto que deciden estar juntos el resto de sus vidas, entonces inician la aventura maravillosa de caminar juntos y vienen las metas y los proyectos, el trabajo, los niños, la casa, el auto, la iglesia, los estudios, etc. y entonces…de manera sutil e imperceptible muchos que se aman comienzan a alejarse en el corazón, queremos tanto darle lo mejor al ser que amamos que olvidamos qué es lo más valioso que podemos dar al ser que amamos, ¡nosotros mismos! ¿Lo puedes ver? ¿Puedes ver a ese papá o a esa mamá esforzándose todos los días por dar lo mejor a sus hijos? Les preguntas y la respuesta es casi siempre la misma; “Todo lo hago por ellos”, y sin embargo los meses y hasta los años pasan y lo que menos “ellos”(los hijos) tienen es a “ellos” (sus padres). Tienen casa, pero les falta un hogar, tienen papá y mamá pero no tienen una familia, tienen muchas cosas en el mejor de los casos pero les falta amor, gozo y paz. Como a Marta; irritada, quejumbrosa, hostil ante su hna., todo debido a un paradigma de vida llamado desempeño como principio de vida para alcanzar las cosas que “necesitamos” aunque en el proceso perdamos lo más importante; a nosotros mismos y a quienes amamos.
Es en este punto cuando la respuesta de Jesús a la queja de Marta cobra vigencia y relevancia en nuestro estilo de vida.
“…pero mira, sólo hay una cosa por la que vale la pena preocuparse, y María la ha descubierto. ¡No seré yo quien se la quite!” Lucas 10:42 (Castilian).
“Marta, Marta, ¿por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar”. Lucas 10:42 (Traducción en lenguaje actual).
¿Cuáles son esas “tantas cosas” en tu vida por las que te preocupas? Lee Mateo 6:25 al 34 por favor y reflexiona por favor, piensa con seriedad y serenidad lo que Jesús está diciéndonos en esta parte de su sermón. Sabes que, puede ser desde la perspectiva de un servidor del Señor como yo o desde la tuya propia, un padre, una madre, un empresario, un profesional, un pensionado, un niño, un adulto, un adulto mayor, cualquiera que esta sea, siempre estaremos ante la misma realidad, “muchas cosas” por las cuales preocuparnos, y “…una cosa por la que vale la pena preocuparse…”; “…algo más importante” en la vida debajo del cielo. Cuando eso más importante, eso por lo que vale la pena preocuparse es descubierto ante los ojos del alma y del corazón debemos atinar a ¡elegirlo! Cuando lo eliges, haciéndolo la parte central y vital de tu vida todas las demás cosas te serán añadidas.
“Las palabras de Jesús retumbaron en mi mente y en mi corazón. Fue tan claro todo. Como no iba a ser así. Cuando Él habla cada palabra se hace vida, la mente se aclara, el corazón se serena, las prioridades cambian, la vida se enrumba. Y eso fue lo que me sucedió esa noche. De pronto, casi sin percibirlo; había dejado a un lado tanto afán y tanta preocupación y me encontraba sentada, al igual que mi hna.; a los pies de Jesús. Esa noche me fui a la cama diferente, serena, gozosa, plena. Tuve la oportunidad de elegir, y lo hice, gracias a Dios elegí bien”.
Siempre es un buen tiempo para elegir, elegir bien, elegir aquello y Aquel quien es lo más importante en nuestra vida y que nadie nos podrá quitar. Cada día de tu vida elige a Cristo, su paz y su gozo llenarán tu alma más allá de toda circunstancia. ¿Y sabes qué? ¡Él ya te eligió!
¡Lo bueno es enemigo de lo mejor!
La primera ocasión en la que escuche esta frase fue allá por lo años ochenta en San José; Costa Rica en labios de Don Arthur Burt (Mi hno. Danilo debe estar suspirando como yo al recordar esos tiempos en “Cristo al Mundo” y en especial los tiempos de enseñanza con don Arthur).
Este ciudadano de las islas británicas, de Gales para ser exacto, enseñaba como pocos la verdad revelada del Señor en su palabra. Al principio quería escribir todo lo que escuchaba de él, luego me rendí y decidí solo exponer mi alma y mi corazón a la sabiduría que manaba de sus enseñanzas, permitiendo que sus las mismas calaran en mi ser interno. Ciertamente muchos de los que estuvimos allí durante esos meses nunca más fuimos literalmente los mismos.
Bueno, disculpen el momento auto- biográfico y el sentimiento que dejé aflorar(es rico recordar las buenas experiencias en Dios). Ahora continuemos con la historia; ¿les parece?
…Mientras tanto, Marta escuchaba por partes, ya que las tareas propias que semejante visita demandaba no le permitían estar atenta, pero lo que no podía dejar pasar era la actitud de María, allí bien sentada mientras había aún tanto por hacer, tanto por hacer…tanto por hacer…”
Hay tanto por hacer, hay tanto por alcanzar en esta vida. Ya de por si la vida es una continua demanda de actividad, ¡la vida es actividad! Sin embargo, de manera mucha veces sutil, el corazón humano pierde la perspectiva, y en el afán por alcanzar muchas cosas, deja de estar atento a lo más importante; y otra vez surge la pregunta en cuestión; ¿Qué es lo más importante?
“Marta por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer”. Lc. 10:40 NVI.
Siempre es igual, cuando hay tanto que hacer y estamos decididos a hacerlo nos vamos a sentir abrumados, preocupados, inquietos, afanados y turbados en algún momento del camino. ¡Vaya descripción de un corazón desenfocado! La palabra “abrumada” viene de la palabra bruma; que significa niebla, por lo que nos da la idea de exceso de niebla que no nos permite ver con claridad. Y eso es lo que nos ocurre en la vida.
Como a Marta; que abrumada se acercó al Señor para quejarse sobre el descuido de su hermana María al dejarla sola en sus quehaceres. “¿No te importa Señor…?” “¡Dile que me ayude!” fue su exclamación.
Mira el proceso:
- Abrumados(as).
- Sentido de injusticia.
- Resentimiento.
- Queja.
- Pérdida.
Probablemente estás pensando a estas alturas de la lectura lo mismo que pasa por mi mente cuando me expongo a esta realidad de mi propio corazón; “…pero esta es la vida moderna, las cosas son diferentes hoy, hay mucho que hacer, ya no tenemos tiempo…” Estamos analizando un encuentro de Jesús con dos mujeres en casa de ambas que ocurrió hace poco más de 2000 años y; siendo honesto, es una escena tan familiar. Y creo saber porque; aunque la época y las circunstancias son diferentes, el problema es el mismo, es un problema del corazón, no es un asunto de tiempo. Nuestro corazón se desenfoca fácilmente cuando es abrumado por lo mucho (y mucho de eso mucho por hacer es bueno) que hay que hacer. Siempre habrá más por hacer, nunca será suficiente, pero si no queremos ser devorados por el ritmo de la sociedad en la que vivimos y enfermar nuestra alma y nuestro cuerpo con los efectos del afán y la preocupación debemos aprender a reconocer la necesidad de algo mejor y mayor que nuestra necesidad de hacer, la necesidad del alma humana de ser y estar con Él. Por eso:
“Lo bueno es enemigo de lo mejor… y lo mejor es Cristo”
¡El quiere estar conmigo!
“Hola Jesús, que alegría tenerte por acá en el pueblo. Gracias Marta, lo mismo digo; ¿Cómo está mi querido amigo Lázaro? ¡Muy bien!!! ¿Te gustaría llegar esta noche a la casa? ¡Claro! Allí estaré. Jesús continuó su tarea, escuchando a la gente y enseñándoles el mensaje del reino de Dios a las personas que para ese momento ya eran bastantes a su alrededor. Marta por su parte se dispuso a regresar a su casa; emocionada como siempre por la visita de un amigo de la casa tan entrañable”.
Siempre me he preguntado: ¿Qué hubiera hecho yo si el Señor Jesús se dispusiera a visitar mi casa? Probablemente, por herencia de mi madre; pondría mucho énfasis en una casa muy ordenada y limpia para recibir una visita de tal calibre, por supuesto una buena comida, y muy en el fondo de mi corazón creo que me dispondría a una noche de mucha escucha y pocas palabras de mi parte. Y tú, ¿Qué harías?
“Marta llegó apresurada, no era para menos. Anunció a todos con mucha emoción que Jesús vendría a cenar. Y entonces; como de costumbre, se puso a…trabajar. La casa era sencilla, típica de una familia común del vecindario, pero la visita no era común; y por lo tanto había que tener las cosas de tal manera que mostraran sus mejores galas”.
Marta era de ese tipo de personas que logran lo que se proponen, con mucho esfuerzo y trabajo arduo le dan ese toque especial a las cosas de tal manera que es difícil no reconocerlo, pero de igual manera todo lo lograba pagando un gran precio, ya que fácilmente su deseo de hacer las cosas para agradar a los demás le hacía perder lo más importante. Por cierto; ¿Qué es lo más importante en tu vida?
“Para cuando Jesús llegó; Marta estaba en lo más y mejor. Jesús saludo de manera efusiva a una familia tan querida, esa era su
costumbre; y entonces se sentó. María (a si por cierto, Marta tenía una hermana, la menor de la casa, además de su hermano mayor Lázaro) no dudó ni por un instante en sentarse a los pies del Maestro. Para María, Jesús representaba alguien muy especial. Su corazón palpitaba de emoción tan solo por estar cerca de Él, así que aprovechaba un momento como este de la manera en que mejor lo podía hacer, cerca de Él dispuesta a…escuchar. Jesús comenzó a platicar con María, cada una de sus palabras llenaban su corazón, ya que todas ellas estaban cargadas de amor y esperanza, arrojaban un entendimiento de las cosas que María jamás había escuchado en hombre alguno. Te hago una pregunta más; ¿Quién es Jesús en tu vida? ¿Qué representa su persona para ti?
Bueno; continuamos luego; porque… tenemos cosas por hacer; ¿verdad? Un abrazo, que te vaya bien en estos días.
¡Mi Elección!
Hola ¡deseados de Dios! Espero se encuentren bien. Yo, por el favor y la gracia de nuestro Padre y Dios me encuentro bien; iniciando una nueva semana con el firme propósito de mantenerme como uno que desea continuar “deseando a Dios” cada vez más y más.Así que continuemos juntos en pos de ese propósito.
Recordemos:
“Dios es una clase de persona que no quiere estar donde no es deseado”.
Entonces me pregunto; ¿Cómo aprendo a desear a Dios de verdad? En esta pregunta encontramos una clave importante, desear a Dios es algo que se aprende. El deseo verdadero y legítimo por y hacia Dios no es un deseo natural con el que nacemos. Si bien hay muchos deseos naturales que nos acompañan desde el principio (muchos de ellos relacionados con necesidades también naturales), el deseo por Dios y los asuntos de Dios no nos es natural y familiar. Es algo que aprendemos en el proceso de la vida. 
Debo reconocer que en mi caso este aprendizaje me ha llevado por caminos imperfectos y con resultados no siempre adecuados y certeros en cuanto a desear a Dios se refiere. Esto es producto por supuesto de exponernos a personas y a sistemas religiosos bien intencionados pero que en muchos casos tergiversan a Dios y como consecuencia natural nos llevan en una dirección equivocada en cuanto a desearlo. En cuanto a desear a Dios se refiere Dios mismo debe ser el maestro y el entrenador por excelencia y su deseo por nosotros el fundamento correcto en aras de aprender bien a desearlo bien.
Ahora bien, quizás te preguntas; ¿Necesito desear a Dios? Y si es así, ¿Por qué? La respuesta es un categórico sí porque definitivamente necesitamos a Dios. El problema es que, a diferencia de otras necesidades naturales que nos impulsan a deseos naturales, esta necesidad natural de Dios con la que nacemos no provoca un deseo natural por Dios debido a una resistencia natural hacia Dios con la que nacemos; a saber, una naturaleza que tiende a oponerse y resistir a Dios y su voluntad. Disculpen este breve lapsus teológico, pero era necesario para entender como funciona nuestra alma en cuanto a desear a Dios y el camino correcto a tomar en esa dirección. No vamos a aprender a desear a Dios por el hecho irrefutable de que lo necesitamos, ¡definitivamente no! Vamos a aprender a desearlo cuando voluntaria e intencionadamente elegimos aprender a hacerlo a la manera de Dios. El espíritu de Dios nos inquieta e impulsa en esta dirección, sin embargo es nuestra elección; es nuestra decisión, siempre será tu elección la que hará la diferencia en cuanto a desear a Dios, porque:
“Dios es una clase de persona que no quiere estar donde no es deseado”.
Cuando eliges aprender, entrar en el proceso de aprendizaje divino, ¡Él te enseñará! Y; como dijo el Señor a través de su profeta;
“El lugar seco se convertirá en estanque y el sequedal en manaderos de aguas,…Y habrá allí calzada y camino…el que “elija” andar por el, por torpe que sea, no se extraviará.” Isaías 35:7ª y 8. (La palabra en cursiva agregada por este servidor).
Acabo de decirle a mi esposa que decidí y elegí amarla toda la vida, y que hoy elijo y decido hacerlo, que la amo y lo haré el resto de mi vida, que es una escogencia hecha y una decisión tomada, y sabes que; le gustó mucho escucharlo, me dijo que eso sonaba muy lindo y sonrió con mucha satisfacción. Que te parece si se lo dices a Dios, si lo eliges y escoges como tu Maestro y Entrenador en pos desearlo con todo tu corazón,
¡Él me desea!
Mi viaje espirit
ual me ha llevado por varias estaciones. Algunas tan cálidas y radiantes como el verano, otras frías y opacas como el invierno. En todas ellas he experimentado diferentes sensaciones y deseos en relación con Él. Desde un intenso anhelo por estar con Él y conocerle más; hasta una apatía tan fuerte que ha rayado en la indiferencia y el alejamiento en el corazón. Lo maravilloso ha sido siempre que…Él me desea, me anhela; me busca y me encuentra, su deseo por mi es mayor que mi lejanía y siempre logra acercarme nuevamente. Que amor más intenso, más profundo, más perfecto; más pleno, más incomprensible y más poderoso. Puedo decir; parafraseando al apóstol Juan que, “Nosotros deseamos a Dios porque Él nos deseó primero…” Recordemos las palabras del Padre desde el cielo a su hijo cuando es bautizado por Juan en el río Jordán; “…este es mi amado (mi deseado) en quien me complazco en gran manera…” Lo puedes ver, aún no inicia su ministerio, aún no ha realizado milagro alguno o predicado un sermón y; maravilla de maravillas, escucha esta significativa declaración que le permite saberse amado por quien es más allá de lo que pudiera hacer. Yo me permito tomar esta declaración para mi vida también (y te animo a que lo hagas) cada día de mi existencia porque me reconozco un hijo amado de mi Padre y Dios independientemente de lo que haga o deje de hacer, su amor por mí es mayor que todo, más grande que mi obediencia (hay quienes pensábamos en algún tiempo que nuestra obediencia a Él resultaba en más amor de su parte), más grande que mi desobediencia (hay quienes pensábamos que esta provocaba un cese o una merma de su amor).
“Nada bueno que haga hará que Dios me ame más de lo que me ama, y nada incorrecto que haga hará que Él me ame menos de lo que me ama”
Soy el “deseado” de mi Padre y tú eres su “deseado” también!!! Y entonces, le aprendemos a desear más y más en esta vida. En su deseo por mí mi deseo por Él aparece y crece.
“Desde que eras un niño te he amado y te he llamado. Muchas veces entre más te llamaba más te alejabas de mí; atraído por otros deseos a los que entregabas tu devoción. Te resistías a reconocer mi deseo por ti, ¡solo quería cuidarte! Por eso te atraigo con cuerdas de ternura y con lazos de amor, como siempre lo he hecho para quitar de ti todo peso y toda carga y tiernamente alimentar tu alma…con mi amor”. Paráfrasis personal basada en Oseas 11:1-4.
Construyamos juntos
¿Te percibes como el “deseado” del Padre? Si tu respuesta es afirmativa, ¿En qué formas lo reconoces en tu vida? Si tu respuesta es negativa, ¿A qué crees que se debe?
Mi oración a Dios…
“Padre eterno de mi alma, que mi primer pensamiento sea dedicado a ti. Te alabo y te adoro por tu perfecta sabiduría y bondad, por el amor con que tú me amas; y amas a la humanidad.Por la grandiosa y maravillosa oportunidad de mi vida, de tenerte y de saberme tu amado y tu deseado”.
“El deseado de mi alma”
“Dios es una clase de persona que no quiere estar donde no es deseado”.
¡Vaya declaración! ¿Que piensas al leer esta oración? Mis pensamientos iniciales hace algunos años cuando la escuche por vez primera fueron un poco confusos, el concepto era novedoso para mí. ¿Un Dios deseado? ¿Un Dios que quiere ser deseado? Por supuesto que luego fueron pensamientos cargados de confrontación personal; ¿Deseo a Dios? Y si es así; ¿Cuanto lo deseo? ¿Se reconoce mi Dios y mi Padre como uno realmente deseado por mí? No pude evitar recordar las palabras del salmista,
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmo 42:1-2.
Sé que todos podemos reconocer ese tipo de deseo descrito por David, si bien el mismo en nuestro caso no necesariamente se relacione con Dios. Somos personas con deseos, deseos por cosas, por personas, deseos superficiales y deseos profundos, deseos verdaderamente trascendentes y significativos y deseos…bueno, que puedo decir, deseos por cosas tan triviales que en ocasiones hasta pena me da conmigo mismo el solo darme cuenta lo que estoy deseando. Es mediodía cuando escribo estas líneas y por supuesto comprenderán que a estas alturas del día experimento un deseo natural muy fuerte por comer, así que ya me voy!!!!No aguanto más!!!! Me muero de hambre!!!!! Ahhhhhhhh…Después continuo…Jajajajajajajaja, los deseos, vaya que son importantes en nuestro diario vivir, y vaya que condicionan nuestras decisiones, nuestro comportamiento, etc. Están ahí, dentro de nuestro ser, algunos correctos, otros…no tanto, y la manera en que los administramos hará una enorme diferencia, para bien o para mal, en nuestro estilo de vida.
Muchos de nosotros nos alarmamos por los deseos que de pronto comienzan a brotar de nuestros corazones, y si bien es cierto que es importante vigilar lo que brota de nuestro ser interno, en realidad pienso que más determinante debe ser para nuestra vida lo que finalmente hacemos con nuestros deseos, o debería decir más bien ¿lo que ellos hacen conmigo?
Bueno, es momento de reflexionar mirando hacia dentro de nosotros, ¿Que estoy deseando? ¿Cuales son los deseos que me poseen en este momento de mi vida? Observa tu estilo de vida actualmente, en todas sus facetas, de seguro podrás determinar con poca dificultad algunos de tus más fuertes deseos, esos que para tu bien, o quizás no, son el combustible motivacional que en alguna medida condicionan y determinan como vives. Espero que el ejercicio sea hecho con criterio amplio, con honestidad, en amor y en verdad. A lo mejor sacas un muy buen provecho del mismo; ya lo creo que sí!!!!!! Y si no sales muy bien parado, no solo no te preocupes, ya somos dos, o tres, o cuatro, o……….., pero lo importante es que con preocuparte no ganas mucho, pero con ocuparte sí. Y de eso, seguiremos hablando después; ¿te parece? Espero que sí, porque Dios, tu Dios y Padre, nuestro Dios y Padre te desea, y busca un corazón que también lo haga hacia Él.







